El momento en que el tratamiento pautado por el médico finaliza y los efectos permiten sentir que el cuerpo se recupera, suele venir acompañado por una amalgama compleja de sentimientos y confusión: De euforia y miedo, de prudencia y urgencia por vivir, de ser la misma persona y sentir la vida diferente. Incluso cuando, tras la primera revisión, el médico pronuncia la palabra “remisión” suele venir acompañado de lágrimas, abrazos y alivio, pero, a la vez, para muchas personas, también aparece el silencio.
Ese lugar, hasta ahora no habitado, en el que se puede sentir el verdadero desafío: Volver a la vida tras el impacto diagnóstico de la enfermedad.
Este silencio está estudiado y documentado en la web del Instituto nacional del Cáncer (NIH). Confirman que en este puede venir compaginado con sintomatología similar a la encontrada en el estrés post-traumático.
Diversos autores de carácter más existencialista, han señalado también que el “silencio post-tratamiento” puede activar cuestionamientos profundos en torno a la identidad, el sentido de la vida, la continuidad del yo y la relación con la finitud (Park, 2010; Holland & Weiss, 2011).
El “después del cáncer” no es un punto final. Es una nueva etapa donde como seres humanos, el cuerpo, la mente y la identidad necesitan reconstruirse poco a poco.
Reconstruir el cuerpo: escuchar sin exigir
El cuerpo es nuestra casa, nuestra carta de presentación ante nosotros mismos y ante el mundo y sus retos; y ahora, ha sido el principal afectado por la enfermedad y sus tratamientos.
Numerosos estudios muestran que, tras finalizar los tratamientos, muchas personas continúan experimentando secuelas físicas persistentes, entre ellas:
- Fatiga crónica.
- Dolor o molestias corporales.
- Trastornos del sueño.
- Cambios en la imagen corporal y la funcionalidad.
- Disminución de la energía y la capacidad de esfuerzo.
Estas secuelas pueden afectar significativamente la calidad de vida y dificultar la adaptación psicológica, al generar una sensación de desconexión entre el cuerpo actual y la identidad previa a la enfermedad (Harrington et al., 2010).
Descubrir los tiempos de recuperación, encontrar nuevos hábitos que se vayan adaptando a las capacidades reales en cada momento, poder sostener el recuerdo de los efectos de los tratamientos (caída del pelo, vómitos y diarreas…) o sostener un estilo de vida adaptado a los nuevos cambios físicos (linfedemas, ostomías,…) forma parte del proceso de reencuentro y reconstrucción.
Aceptar las nuevas cicatrices —visibles o invisibles— es un acto de reconciliación. No se trata de volver a ser quien eras, sino de reconectar con quien estás siendo ahora.
Reconstruir la mente: convivir con el miedo y el cambio
El miedo a la recaída, la ansiedad o la tristeza son respuestas naturales después de un proceso tan intenso. La mente necesita tiempo, espacio y acompañamiento para integrar lo vivido.
Se rompe la percepción de invulnerabilidad que tenemos las personas. Aparece una nueva consciencia sobre la fragilidad humana que, muchas veces, durante el proceso de tratamiento, no se puede llegar a atender. Lo normal es no sentirla hasta que no vuelves a verte de nuevo “afrontando la vida diaria”.
Es normal sentir que la vida te ha puesto en paralelo a los demás. Notar cierta distancia con actividades, lugares y personas que antes notabas una proximidad. El proceso de readaptación a la vida diaria pasa por incorporar una percepción más intensa de la fragilidad y, a la vez, una mayor sensibilidad hacia todo aquello que te conecta con sentirte vivo.
Estos cambios, pueden ser difíciles de integrar, y para ello, existe la posibilidad de contar con apoyo individual y grupal que haga que no se trate solo de sobrevivir o de la supervivencia; sino de poder recuperar la plenitud y la serenidad, aunque nuestra sensibilidad haya cambiado.
La psicoterapia oncológica y el acompañamiento emocional son fundamentales para aprender a integrar la incertidumbre, reencontrar propósito y dar sentido a la experiencia.
Reconstruir el sentido: encontrar un nuevo propósito
Muchos pacientes describen esta etapa como “un renacer”. Las prioridades cambian. Lo que antes era urgente, ya no lo es tanto. Aparecen nuevas formas de valorar el tiempo, las relaciones y los pequeños placeres cotidianos.
En el contexto de la supervivencia al cáncer, la reconstrucción del sentido implica un proceso activo de integración de la experiencia de la enfermedad en la narrativa vital, sin que esta monopolice la identidad de la persona. La exploración clínica del “quién soy ahora”, del “qué hace que mi vida sea valiosa en esta etapa” y del “cómo deseo vivir a partir de lo vivido” resulta central para favorecer una adaptación psicológica saludable y una vivencia de mayor coherencia existencial.
Estos cambios no suelen ser fáciles de integrar y asimilar. El impacto en el propósito de la vida implica, un planteamiento nuevo de tu posición en los sistemas en los que estás vinculado. Esta nueva perspectiva ocurre mientras sientes que tu entorno te continúa colocando en el mismo rol de antes. El proceso de adaptación a la nueva vida es un trabajo personal y familiar, donde la comunicación y la exploración de roles, llevarán a poder entregar y descubrir un nuevo sentido en el momento presente donde la narrativa de la enfermedad tenga un espacio consciente.
Cultivar una vida con propósito, con significado y conexión, es parte de este proceso necesario de sanación integral. Y ese proceso no tiene que hacerse solo: el acompañamiento profesional ayuda a transformar la experiencia en crecimiento.
En Ipsimed te acompañamos en tu Camino
Somos conscientes de la gran dificultad que, para muchas personas, marca el inicio de una etapa compleja y poco visibilizada: la supervivencia al cáncer. Este periodo implica no solo la recuperación física, sino también una profunda reorganización psicológica y existencial, en la que emergen preguntas sobre la identidad, el sentido de la vida y la forma de proyectarse hacia el futuro.
Es muy importante descubrir los ritmos propios de adaptación, poder permitirse un espacio donde sostener los aspectos de la vivencia que puedan ir apareciendo ahora que “hay espacio para sentirlos” y ser capaz de volver a sentirse a uno/a misma como lugar seguro.
La psicoterapia, tanto individual como grupal, acompañada por profesionales cualificados, ha demostrado ser un punto de apoyo para que tanto durante, como después del cáncer, se pueda sentir que hay vida. Y esa vida puede volver a ser consciente, profunda y sentirla de nuevo con identidad propia.
En Ipsimed Integración Psicomédica creemos que la salud es un camino que une cuerpo, mente, emoción y relación. Acompañamos a personas que han pasado por un proceso oncológico a reconstruirse física y emocionalmente, con programas de psicoterapia, bienestar integral y apoyo continuo en las dinámicas del Camino, Cultivo de la Consciencia la integración de la regulación emocional (3CIRE)
Si estás transitando esta etapa o acompañas a alguien que lo hace, podemos ayudarte. Agenda tu primera sesión aquí. https://ipsimed.com/contacto/
Javier Monsalvo Saornil
Psicólogo colaborador de Ipsimed especializado en psico-oncología y cuidados paliativos


