Un matrimonio alternativo

Un matrimonio alternativo

Un matrimonio alternativo

No hay época del año más idónea para la lectura como el verano, aprovechando la calma, la vida contemplativa, las vacaciones, la playa, los viajes…

Tras asistir a un curso de ‘Psicoterapia Centrada en la Persona’, centro mis lecturas en tres textos escritos por Carl Rogers, máximo representante de esta corriente psicoterapéutica, un hombre cuya vida y obra están congruentemente unidas, y eso me encanta y me inspira muchísimo. También lo hizo mi profesor de esta materia en Madrid, Javier Ortigosa, quien desgraciadamente falleció el pasado mes de Julio. Sufría una lesión de columna entre otras dolencias, lo cual no le impedía dar la clase con gran lucidez y entrega. Su perenne sonrisa, contrastaba con su fama de mal genio y fuerte carácter, que también demostró en alguna ocasión. Pero el cuerpo no pudo dar soporte a la mente y lo arrastró hacia la muerte.

Comienzo leyendo una recomendación que nos hizo Javier en clase, poco antes de ser intervenido de la espalda: ‘El matrimonio y sus alternativas’. Me lo apunté y de forma casual cayó en mis manos, así que lo coloqué en mi mesita de noche a ver qué tal. Y lo absorbí rápidamente con más fluidez que los otros dos: ‘El poder de la persona’, que aún estoy leyendo, y ‘Grupos de Encuentro’. El tema de la pareja es un tema que me interesa, tanto de forma personal como laboral, en el que siento la necesidad de aprender muchas cosas. Siempre me ha gustado y he sentido mucha curiosidad en saber cómo lo hacen otros para encontrar su propia fórmula. Cómo lo hacían nuestros padres para permanecer tantos años juntos, a pesar de sus diferencias, cuando aún el divorcio no era una epidemia, sino más bien un pecado y un fracaso de vida.

¿Por qué hemos pasado de un extremo al otro? ¿Qué ha pasado con ese término medio? Habíamos conseguido cierta libertad a la hora de cambiar de vida si la pareja se convertía en una cárcel de infelicidad. No se trataba de mantener unida la familia a cualquier precio, ni de seguir las expectativas de los padres, de la cultura o de una religión; esto era sinónimo de fracaso. Pero ahora la cantidad de matrimonios que no se divorcian es menor que los que permanecen. ¿Será que hemos descubierto otras alternativas que nos llenan más? ¿Encadenar una relación con otra es más enriquecedor que mantenerse unido a la misma pareja de toda la vida? Me inquieta esta pregunta, y cuando miro a mi alrededor, siento que lo que está de moda es recibir consejos como “No se como lo aguantas”, “Eso es intolerable”, “Te mereces algo mejor”…

Para Carl Rogers existe una aptitud dentro de la persona llamada la tendencia a la actualización, que le ayuda a adaptarse a las diferentes circunstancias de la vida, sobretodo cuando estas no son óptimas para su desarrollo. Esta tendencia está en todo ser humano, y es su propio organismo (mente y cuerpo formando un todo, trabajando en equipo) el que hace esta labor, para proporcionar al individuo la satisfacción de sus necesidades. Aunque haya una creencia generalizada de que las personas no cambian, el ser humano va evolucionando conforme a su experiencia y a su entorno y va enriqueciéndose con el paso del tiempo. Puede parecer una forma ingenua y excesivamente optimista de considerar al hombre, que dista mucho de la visión de Freud, para quien el ser humano era una víctima de sus instintos más primarios. El matrimonio, la vida en pareja, no es una institución estanca, inamovible, un contrato que una vez lo has firmado ya es tuyo.

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La vida en pareja es un proceso, un aprendizaje, una relación que ha de actualizarse del mismo modo que lo hacen los softwares, los PC´s los iPhones, las modas, y todo lo demás que no dudamos en renovar y estar a la última.

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¿La solución está en cambiar de pareja, o en cambiar aspectos de la pareja que están fallando, que son comportamientos aprendidos, modelos obsoletos que repetimos sin cuestionarnos, y que ya están gastados, que no sirven? Nadie tiene reparo en tirar una tele antigua y comprarse una extra plana que casi no le cabe en la pared. Pero pocos se plantean dejar de comportarse como lo hacen para adaptarse a su pareja, y no funcionar como solteros-casados. Cada uno hace su vida y se juntan para algunas cosas (pagar la hipoteca, educar a los hijos, comprar un coche). ¿Es esta la verdadera solución?

En muchas ocasiones no compartimos los sentimientos más profundos y evitamos los conflictos y las discusiones para no confrontar al otro. Es lo más cómodo en nuestro día a día: no tenemos tiempo para ello y se pasa un mal rato. Cuando algo del otro nos desagrada y no sabemos como decírselo sin hacerle daño, muchas veces optamos por el silencio y la evitación. Aquí entra en juego la comunicación, otro gran caballo de batalla de nuestra época, donde encontrar un lugar para la intimidad de la pareja, lejos de dispositivos móviles y chateo variado, es casi imposible. Negociar con la pareja, llegar a un acuerdo cuando no se quieren las mismas cosas o no se opina de la misma manera, requiere un esfuerzo, un tiempo y una dedicación de la que muchas veces no disponemos. Entonces se hace muy tentadora la idea de funcionar de forma individual o ponerle parches a la relación, buscando otras relaciones más superficiales y menos demandantes.

Rogers comparte en este libro además su propia experiencia, y esto me admira y me emociona. Cuenta la historia de su matrimonio, hablando con mucho cariño de su mujer, de su hija, incluso de su nieta. El fue muy afortunado en su relación de pareja, creando unas bases muy realistas, aceptando sus propios límites y defectos con una gran sabiduría. Su generación no fue la nuestra, ni su cultura: él vivió su juventud en plenos años 60 en Estados Unidos. Se preguntaba preocupado, acerca del futuro de las parejas y sobre las consecuencias de algunas alternativas a la misma que ya existían en aquel entonces: la liberación de la mujer, las comunas, las parejas abiertas, el sexo sin compromiso, la poligamia…

Llegó a la conclusión de la enorme importancia de adoptar una actitud de compromiso sincero con uno mismo, el otro y la relación. Este fue un concepto que siguió en la teoría y en la práctica:

[wc_testimonial by=”Carl Rogers” url=”” position=”left”]Nos comprometemos mutuamente a trabajar juntos en el proceso cambiante de nuestra relación, porque ésta enriquece actualmente, nuestro amor y nuestra vida, y deseamos verlo desarrollarse. [/wc_testimonial]

El amor no es un contrato, sino un proceso continuado, que requiere atención, cuidado y esfuerzo por ambas partes y una serie de renuncias. Dicho así suena poco atractivo, es cierto, pero no hay que olvidar que tanto la pareja como la soledad, son elecciones que hacemos en la vida. Esto no significa que dejemos de lado nuestro propio desarrollo personal en pro de la pareja; más bien al contrario, la pareja también se verá enriquecida con nuestro propio crecimiento y evolución.

Y así lo hicieron tanto Carl Rogers como Javier Ortigosa; siguieron desarrollándose y creciendo hasta el fin de sus días, ayudando también a muchas personas a saber reconocer y expresar sus sentimientos en libertad.

Isabel Pintor

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Isabel Pintor
Isabel Pintor
isabel.pintor@ipsimed.com

Psicóloga Psicoterapeuta en Ipsimed, Integración Psicomédica. Ver perfil

1 Comment
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    Rosa
    Posted at 13:09h, 21 agosto Responder

    La verdad es que darle a la pareja la oportunidad de ir adaptando la vida juntos, de aprender de uno mismo y el otro mediante una comunicación profunda y sincera es a la larga más gratificante y enriquecedora que pasar de puntillas por relaciones superficiales sin conocerte a ti mism@ sin poder ser libre del todo, sin vivir el amor en plenitud. Gracy Isabel por compartir este artículo que me reafirma en la manera que vivo mi matrimonio.

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